A los habitantes de los barrios, y no sólo los de la periferia, no les importa si el tema debe ser tratado por la Justicia ordinaria o la federal. Tampoco les interesa que sean las fuerzas provinciales o nacionales las que intervengan. “Si lo tienen que sumar al oficial Gordillo, que lo hagan, pero que acaben con los quiosquitos que están matando a nuestros jóvenes”, imploró Julio González, habitante de Villa 9 de Julio.
La reflexión del jubilado tiene una razón de ser. El gobernador, Osvaldo Jaldo, anunció sus intenciones de que la Justicia ordinaria se haga cargo de la lucha contra el narcomenudeo, una iniciativa que tiene ocho años de antigüedad y que nunca entró en vigencia por una medida cautelar interpuesta por el ministro fiscal, Edmundo Jiménez, hace años. El titular del PE envió un claro mensaje a la Corte Suprema de Justicia para que resuelva el problema, pero hasta el momento el máximo tribunal no dio ninguna señal que definirá el conflicto judicial.
Después de que Jaldo hiciera el anuncio, el narcomenudeo fue noticia en todo el país. Primero por el crimen de una familia en Rosario en una nueva batalla de la guerra por el poder en esa ciudad. Después, 24 adictos fallecieron y más de 80 fueron internados por haber consumido dosis de cocaína cortada con algún componente letal. “No podemos comparar lo que sucedió en esas provincias con lo que pasa en Tucumán, nuestra realidad es diferente”, repitió una y otra vez el secretario de Lucha contra el Narcotráfico, Carlos Driollet, en los últimos días. “Osvaldo no se adelantó ni tiene una bola de cristal para presagiar el futuro, sino que conoce lo que está pasando y por eso pide la aplicación urgente de esta ley”, agregó uno de sus colaboradores más cercanos.
¿Y qué está pasando? Juana Martínez, vecina de San Cayetano, uno de los barrios más violentos de la capital, respondió: “la droga aquí corre como el agua, mejor dicho, como los líquidos cloacales que tantos problemas de salud nos generan. Los chicos andan ‘dados vueltas’ todo el día. No hacen otra cosa más que consumir porque aquí sobran los lugares donde comprar”.
La sensación de esta ama de casa de San Cayetano se repite en Villa 9 de Julio, La Costanera, Villa Amalia, Juan XXIII (“La Bombilla”), Villa Muñecas, Villa Luján, Yerba Buena, Lules, Alderetes, Concepción, Aguilares y la lista no terminaría más. “Sabe lo que pasa maestro: nadie se metió en el tema en serio. Y estos ‘sucios’ crecieron de una manera increíble. Y cuando los metieron en cana, después aparecieron otros”, resumió Juan López, jardinero oriundo de La Costanera.
Y el humilde trabajador no se equivocó en su análisis. En los últimos tiempos, se desarticularon y condenaron los clanes conocidos como “Los Reyna” (que operaba en el barrio Juan XXIII), “Rogelio” (considerado como el “Rey del paco” en La Costanera), “Los Garra” (manejaba los barrios del sur de la ciudad) y “Los Comuneros” (su campo de acción era Las Talitas y el noroeste de la capital), por solo mencionar algunos. Y en todos esos barrios, cuando el sol comienza a ocultarse, se puede descubrir a jóvenes que, como zombis, caminan las calles buscando sus dosis porque hay quioscos, manejados por integrantes del mismo grupo u otra organización.
Bombas
El ya fallecido padre Juan Viroche, en noviembre de 2015, ofició una misa en medio de una calle de Delfín Gallo para rezar por las almas de los adictos y alertar a las autoridades sobre lo que estaba sucediendo en esa localidad del este tucumano. En esa oportunidad, dijo que los transas utilizaban bombas de estruendo para anunciar que habían llegado con las dosis para vender. Las autoridades dijeron que se trataba de un mito urbano, pero los vecinos no dicen lo mismo. “Sí es cierto. Aquí, especialmente los fines de semana, sin que haya ningún motivo, tiran bombas”, comentó Luisa Martínez de Villa Muñecas. “Los fines de semana esto parece Navidad”, indicó Juan Cruz, de barrio Parque. “Que no me vengan con el verso. Los transas son los dueños de varios barrios”, agregó.
Marcelo Jérez, que vive en los sectores más humildes de Villa Amalia, explicó que los que venden la droga son los millonarios de los barrios. “Tienen un ejército de personas en cada lugar. Trabajan para ellos. Están los que venden, los que la guardan, el soldadito, el que la mueve a todos sus quioscos. Es impresionante. Hay muchos vecinos que hasta le van a pedir dinero cuando no tienen para pagar la luz. Claro que después se cobra ese favor con otro que, generalmente, es que le oculten las dosis o que le avisen si es que los policías están investigando”, expresó. “Y mucho no se puede hacer porque ellos son muy poderosos y no tienen miedo de meterte un tiro si es necesario”, añadió.
“Aparece el narco”
“Cuando el Estado no puede generar trabajo bien remunerado, que permita a la gente acceder a una vivienda, darle educación y salud a sus hijos, ¿quién aparece? El narco”, declaró la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner, en su viaje a Honduras, donde estuvo presente en la asunción de la presidenta, Xiomara Castro. En esas tierras participó de varios encuentros.
“Es curioso que los que impulsaron en toda la región el achique del Estado, los programas de ajuste, después vienen a decir que hay que combatir al narco como si se lo pudiera combatir únicamente del ministerio de Seguridad, y no desde donde hay que combatirlo: (logrando) que la gente pueda acceder al trabajo, a la salud, a la educación, a la escuela, al progreso. Si hasta la fiesta de los 15 años terminan organizando los narcos porque los padres no se la pueden organizar. No se dan cuenta de la paradoja horrible que significan las políticas de ajuste”, criticó.
Avance y algo más
“Nadie puede negar el avance del narcomenudeo en la provincia. Hacemos un enorme esfuerzo para frenarlo, pero somos conscientes de que no alcanza. Por eso necesitamos de algunas herramientas, y la puesta en vigencia de la Ley de Narcomenudeo es una de ellas”, señaló Jaldo para argumentar porqué pretendía que se ponga en marcha esta norma.
En una entrevista publicada en LA GACETA días atrás, el ex secretario de Seguridad Alberto Föhrig, sostuvo: “veo que en estos últimos años hubo inacción”. “La situación ha empeorado por una razón sencilla. Está el lugar común que dice que al narcotráfico no se le puede ganar. Sin embargo, si no hacés nada contra él, el narcotráfico sí te puede ganar a vos en términos de que tiene la capacidad para cambiar radicalmente las condiciones institucionales y de vida de un país. Esto no es un análisis de carácter teórico, sino lo que le sucedió a varias naciones de América Latina, fundamentalmente a Colombia y México”, señaló el ex funcionario de la gestión de Mauricio Macri.
Para entender mejor
1- ¿Qué es el narcomenudeo?
Esa es la denominación que se le dio a la venta de pequeñas cantidades de drogas. También se lo conoce como microtráfico y sus comienzos se remontan hace más de 10 años.
2- ¿Cómo funciona una organización?
Estos grupos se encargan de comprar droga al por mayor para venderla en los barrios y no sólo los más carenciados. En algunos casos, tienen “cocineros” que se encargan de estirar la sustancia.
3- ¿Cómo están integrados?
Normalmente son formados por integrantes de una misma familia. Con el tiempo, y luego que se expanden, suman vendedores, “cocineros”, “soldaditos” y personas que les esconden la droga en otros lugares
4- ¿Cuál fue el modelo?
Se considera que imitaron el sistema de comercialización que tenía el clan Los Monos, de Rosario. Algunos indican que Hugo “Rengo Ordóñez” Tévez lo perfeccionó en la provincia y luego fue imitado por otros grupos de la capital y del interior de la provincia
5- ¿Qué efectos generan en la vida de un barrio?
Lo más grave de todo es que ponen en riesgo la salud de los jóvenes que tienen problemas de adicción. Se puede generar una batalla por el dominio territorial que incrementa el nivel de violencia. También se transforman en un Estado paralelo, ya que ayudan a los vecinos más pobres, pero también terminan imponiendo sus propias leyes.